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Turismo y animales: cuándo una fotografía deja de ser una experiencia responsable

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Fotografiar la fauna puede acercarnos a la naturaleza, pero perseguir la imagen perfecta también puede poner en riesgo el bienestar de los animales.

Costa Rica es reconocida internacionalmente por su biodiversidad, así como por las oportunidades que ofrece para observar animales silvestres en sus propios ecosistemas. Para muchas personas, encontrarse con un perezoso, un mono, un tucán o una rana durante su viaje se convierte en uno de los recuerdos más importantes de la vivencia.

El problema aparece cuando conseguir una fotografía comienza a ser más importante que respetar al animal. Acercarse demasiado, tocarlo, alimentarlo, perseguirlo o intentar provocar una reacción para obtener una captura puede alterar su comportamiento natural. Por ello, una travesía turística responsable no debería medirse únicamente por la instantánea que se obtiene, sino también por lo sucedido para conseguirla.

Una fotografía también puede tener consecuencias

Tomar una fotografía a distancia mientras un animal continúa con su comportamiento natural no es lo mismo que manipularlo para conseguir una imagen. La diferencia puede parecer pequeña para quien observa la escena, pero puede ser significativa para el animal.

El SINAC junto con el Instituto Costarricense de Turismo recomiendan evitar cualquier acción que pueda afectar el comportamiento natural de la fauna silvestre. Entre sus indicaciones se encuentran observar desde una distancia que no invada el espacio del ejemplar, además de evitar tocarlo, atraparlo, manipularlo o alimentarlo.

Esto cambia la pregunta que debería hacerse un visitante. En lugar de pensar únicamente «¿puedo acercarme para obtener una mejor foto?», también conviene preguntarse «¿mi presencia está modificando lo que el animal haría si yo no estuviera aquí?».

El problema de la fotografía perfecta

Las redes sociales han convertido las fotografías de viajes en una forma de mostrar experiencias junto con la creación de recuerdos. La investigación sobre selfies en turismo señala que los teléfonos inteligentes, así como las plataformas digitales han transformado la manera en que las personas observan a la vez que representan sus travesías.

Cuando esta lógica se traslada a la fauna silvestre, puede aparecer una presión adicional por conseguir una fotografía diferente, cercana o llamativa. El problema no está en compartir una imagen de un animal, sino en que el deseo de obtenerla termine justificando comportamientos que interfieren con la vida silvestre.

No todo encuentro cercano es una buena señal

Encontrar un animal a pocos centímetros puede parecer una experiencia extraordinaria. Sin embargo, la cercanía no necesariamente significa que el animal esté cómodo o que la interacción sea beneficiosa.

La literatura científica sobre turismo relacionado con la fauna ha documentado diferentes formas de interacción, desde observar especímenes hasta tocarlos, alimentarlos o tomarse fotografías con ellos. Una revisión académica sobre interacciones entre humanos e integrantes de la fauna en contextos turísticos señala que estos encuentros pueden generar efectos tanto positivos como negativos, por lo que deben gestionarse considerando las dimensiones ecológicas y humanas.

Por eso, la distancia puede ser una señal de respeto y no una limitación de la experiencia. Observar a un animal sin intentar convertirlo en parte de la actividad turística permite que continúe desarrollando comportamientos propios de su especie.

Alimentar a un animal no es una forma de ayudarlo

Una de las prácticas que puede parecer inofensiva es ofrecer comida para conseguir que un animal se acerque. Sin embargo, alimentar fauna silvestre puede alterar sus hábitos y generar consecuencias que van mucho más allá de una fotografía.

El SINAC advierte que esta práctica puede provocar dependencia alimentaria, pérdida de comportamientos naturales, alteraciones metabólicas, asimismo, problemas relacionados con la salud. Por tal razón, sus recomendaciones para visitantes son claras: no alimentar a la fauna silvestre.

Además, si un animal comienza a asociar la presencia humana con comida, puede modificar su comportamiento habitual. Lo que para un turista representa una fotografía memorable puede terminar convirtiéndose en una alteración de la relación del animal con su propio entorno.

El fenómeno de los «selfies» con animales

La preocupación por las fotografías con fauna no es exclusiva de Costa Rica. En 2017, World Animal Protection reportó un aumento del 292 % en la cantidad de selfies con animales silvestres publicadas en Instagram entre 2014 y 2017. Su análisis también encontró que más del 40 % de las imágenes estudiadas mostraban interacciones consideradas inapropiadas, como abrazar, sostener o manipular especies silvestres.

La organización señaló asimismo, a Costa Rica entre los países donde se observaba una alta presencia de este tipo de fotografías, lo cual impulsó la campaña #StopAnimalSelfies, orientada a promover fotografías de fauna sin contacto ni manipulación.

El objetivo no es eliminar la fotografía de naturaleza. Por el contrario, se busca que las imágenes ayuden a valorar la biodiversidad sin convertir a los animales en accesorios para las redes sociales.

¿Qué ocurre cuando el animal está en cautiverio?

La responsabilidad también aplica fuera de los parques nacionales. Una fotografía con un animal en cautiverio no es automáticamente una experiencia responsable solo porque el ejemplar no se encuentre en libertad.

La investigación académica sobre turismo y ética animal ha señalado que las experiencias turísticas pueden incluir animales utilizados para fotografías, contacto directo, entretenimiento o exhibición. Las condiciones en las que viven, la forma en que son manejados y el tipo de interacción que se permite son elementos relevantes para evaluar su bienestar.

Por eso, antes de participar en una actividad turística con fauna, conviene conocer quién la opera, qué permisos posee y qué prácticas utiliza. En Costa Rica, el ICT recomienda verificar que los operadores turísticos y guías cuenten con las certificaciones o permisos correspondientes.

Una experiencia responsable empieza antes de llegar

El comportamiento del visitante no comienza cuando aparece el primer animal. Investigar previamente las reglas del lugar facilita saber qué actividades están permitidas, cuáles están prohibidas y cómo actuar ante un encuentro con fauna.

El ICT al lado del SINAC recomiendan informarse en los sitios oficiales del área protegida, ingresar por los accesos autorizados, permanecer en los espacios habilitados junto con seguir las indicaciones de los guardaparques. También aconsejan mantenerse dentro de los senderos mientras se recorren en silencio para favorecer interacciones positivas con la vida silvestre.

Esta preparación también ayuda a evitar situaciones en las que el turista, por desconocimiento, se acerca demasiado o intenta intervenir. Conocer las reglas es una manera sencilla de reducir el impacto de nuestra visita.

La mejor fotografía puede ser la que no necesita contacto

Fotografiar fauna silvestre no requiere necesariamente tocar al animal ni acercarse hasta invadir su espacio. Una cámara con buen alcance, un teléfono utilizado desde una distancia adecuada o simplemente observar sin fotografiar pueden permitir una experiencia mucho más respetuosa.

De hecho, la campaña #StopAnimalSelfies impulsada en Costa Rica busca precisamente promover una relación diferente entre fotografía y fauna: observar a los animales en su ambiente natural y evitar convertirlos en objetos de interacción turística.

La idea puede resumirse de una manera sencilla: si para conseguir la fotografía hay que perseguir, alimentar, tocar o manipular al animal, probablemente la fotografía no vale el costo de la interacción.

También podemos cambiar lo que compartimos

Las fotografías turísticas no terminan cuando termina el viaje. Una imagen publicada en redes sociales puede ser vista por miles de personas y contribuir a normalizar determinadas formas de interactuar con la fauna.

Esto es especialmente relevante porque las redes sociales participan en la construcción de las experiencias turísticas. La investigación sobre selfies y turismo ha encontrado que estas imágenes forman parte de la manera en que las personas representan o comparten sus experiencias de viaje.

Por eso, compartir fotografías tomadas desde una distancia responsable también puede contribuir a promover otras formas de turismo. En lugar de mostrar «qué tan cerca llegué», una imagen puede contar dónde estaba el animal, qué especie era y por qué es importante proteger su hábitat.

En fin…

El turismo de naturaleza contribuye a conocer, valorar y proteger la biodiversidad. En Costa Rica, las áreas silvestres protegidas ofrecen precisamente espacios donde las personas pueden observar animales, aprender sobre sus comportamientos y comprender la función que cumplen dentro de los ecosistemas.

La responsabilidad está en recordar que somos visitantes dentro de esos espacios. Una fotografía logra conservar el recuerdo de un viaje durante años, pero el animal tiene el derecho continuar su vida después de que nosotros nos vayamos. Cuando una imagen requiere invadir su espacio, alimentarlo, tocarlo o manipularlo, deja de ser simplemente una fotografía y se convierte en una intervención.

Viajar responsablemente no significa disfrutar menos de la naturaleza. Significa entender que observar también puede ser una forma de respeto; de hecho, muchas veces, la mejor fotografía es aquella en la que el espécimen ni siquiera nota nuestra presencia.

Ambar Salas Morales | Mercadeo y medios digitales
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octubre 14, 2026

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